Casi 10 décadas creciendo

Obras son amores… y con el norte puesto en el primer centenario

La naturaleza progresista de la dirigencia del Paraná Rowing Club se pone de manifiesto con un hecho histórico: ni bien se logró a título de préstamo el viejo galpón del Ministerio de Obras y Servicios Públicos en el Puerto, los pioneros comenzaron a debatir acerca de la mejor forma de obtener un terreno propio para construir la sede social y la pileta. De allí el espíritu superador no ha cesado, y en cada etapa, en cada gestión, se logró, a pesar de las dificultades, poner en obras la necesidad de verse en movimiento, de brindar más y mejores servicios a la creciente masa societaria y de acompañar el desenvolvimiento de la ciudad. Un relato de nueve décadas que está atravesado por hitos y mojones, cintas y aplausos, proyecciones y concreciones, eslabones de una cadena que amenaza no detenerse nunca, como el río, que en su regazo, marca el camino.

 

ETAPA INICIAL

PRIMEROS ESFUERZOS

"El Paraná Rowing Club nació el 24 de abril de 1917, y según las actas que obran en poder de la institución, los fundadores, simultáneamente con la asamblea inicial que da vida a la constitución de la sociedad, a medida que se dictan los estatutos, se dicta el reglamento de socios y se organizan para la elección de autoridades, de dónde se erige presidente el Ing. Miguel Izaguirre, ya se comienza a pensar en un crecimiento institucional a partir de obtener una sede propia, ya que el galpón inicial había sido a préstamo por la gentileza del Ministerio de Obras Públicas que funcionaba en el Puerto", asegura Enrique Vilar Laferrierre, ex presidente y uno de los exégetas de la historia del club.
De la investigación y el relevamiento realizado por ese antiguo socio, se desprende, a través de documentos, actas e informes, que en aquella primera asamblea realizada en el salón de la Biblioteca Popular, en el centro de Paraná, hay una citación donde comparecen 44 personas vinculadas al río, a los botes, al remo, y todo aquello que tenga que ver con el uso del agua, aunque muchos lo tomaban como un hobbie, y en forma dispersa y autónoma.
Según el acta de aquel encuentro, que culminó con la fundación del club, se advierte que estos pioneros se reúnen "con el objeto de crear un club para proporcionar a sus asociados el uso y manejo de botes y demás deportes náuticos".
No tenían dónde hacerlo, y esta asamblea que sucede el día 24 de abril de 1917 tiene un segundo episodio el día 29, apenas cinco días después, donde se elige la comisión directiva, y aprovechando las vinculaciones de los miembros de la comisión con autoridades del Ministerio de Obras Públicas, "se instalan en el Puerto Nuevo en un pequeño galpón, ubicado en la explanada de los galpones".
Por aquel entonces, en la década del `20, el Puerto -que se había inaugurado en 1904-, era solamente la zona de la dársena, el edificio y los galpones. Aparentemente, aún había cuatro o cinco muelles, algunos de cementos, otros de madera, y el galpón estaba frente a aquellos muelles. Existía un pequeño riel por donde una zorra permitía que los botes se deslizaran sin mayores dificultades hacia el río, y bajaban por el espacio que quedaba entre muelle y muelle.

 

ESPACIO PROPIO.

Inmediatamente surge la necesidad y el deseo de tener un lugar y un edificio propio para construir la sede social. Es entonces, que en el año 1922 "se le echa el ojo" a lo que se conocía como "El Bajo del Parque", es decir una gran olla que se extendía desde la barrancas hasta el río, donde hoy es la plaza Le Petit Pisant, el lugar donde se yergue la plaza al finalizar la Costanera.
Este lugar tenía la gran ventaja de ser un espacio amplio "con una segunda terraza", según definiciones de la época, y cerca del arroyo Antoñico, con mayores facilidades para guardar y bajar botes.
Entonces, con el objetivo de instalarse en ese lugar, designan una comisión de cuatro o cinco miembros –el ing. Oscar Reula se encontraba entre ellos- para que analicen técnicamente la viabilidad de construir un edificio liviano en la zona y que sea soportado por el suelo, es probable que ese espacio haya sido en un tiempo zona de bañados. Eso se realiza en el año 1922. "El 12 de agosto de 1922 se trata la conveniencia de adquirir un terreno municipal en El bajo del Parque para construir en él la sede social del club y se designa miembros para que dictaminen y se expidan sobre su conveniencia", reza un acta de esa época.
En marzo del año 1923 se realiza una reunión de comisión directiva donde los especialistas informan que "técnicamente el terreno está en condiciones de soportar un edificio liviano". Entonces, en la misma reunión, se decide solicitar a la Municipalidad la donación del terreno que resulte de una medición. En un comienzo fueron algo más de 12 mil metros cuadrados, un poco más de una hectárea. Hay que tener en cuenta que se trataba de un espacio sin uso, de monte natural, sin accesos ni caminos, y, seguramente, asediado permanentemente por el avance de las aguas.

 

GESTIONES INICIALES.

Es posible que éste sea el espacio que hoy ocupa, a la vera del río, el Club Estudiantes sumando un poco más de terreno hacia el oeste, llegando al encuentro del arroyo con el río. La barranca terminaba en lo que hoy es la calle de la costanera. "En reunión del 6 de marzo se informa que es factible construir un edificio liviano, por lo que se autoriza al presidente a solicitar a la municipalidad la donación del terreno de 12.620 metros cuadrados, que se hace por nota del 28/05/1923 (… ) un terreno en las inmediaciones del Parque Urquiza, entre la barranca y el río, en el Bajo del Parque Urquiza.
No hay que olvidar que , en sus comienzos, el Parque Urquiza sólo abarcaba el monumento a Justo José de Urquiza y su zona de adyacencia. Esa zona era plana, sin barrancas, y luego, en la segunda donación, ya a mediados de la década de 1930, se hace toda la obra de la Costanera y la parquización de la barranca.
En ese momento, hacia el río, sólo se accedía por los caminos del indio, como se llamaba a los caminitos en la tierra o "La Bajada de Izaguirre", cuesta construida para llegar a los hornos de cal por donde subían los carros. Incluso esta cuesta no tiene la conformación actual de aquellos años, tal como se lo conoce hoy al costado del Rowing actual.
Uno de los fundamentos que llevó la nota de petición no sólo expresaba la necesidad de tener una sede propia, sino que se hablaba con cierto rigor en la información, que era inminente la ampliación del Puerto, y con ello la posibilidad de que más temprano que tarde se hiciera necesario desalojar las instalaciones del viejo galpón, donde el club funcionó durante los primeros años.

 

ORDENANZA.

Existe un documento que refleja un trámite municipal y las gestiones realizadas con insistencia y fruición, que concluyeron con la ordenanza del 27 de septiembre de 1926 por la cual el Concejo Deliberante de la ciudad de Paraná autoriza "al Departamento Ejecutivo de la Municipalidad para ceder a título gratuito 6.000 metros cuadrados de la Comuna".
La disminución en el espacio solicitado se explica en que, una vez conocida la noticia que se proyectaría la Costanera, el Club decide limitar el pedido de 12.000 a 6.000 metros cuadrados, para hacerlo más viable.
Es entonces que se dicta la ordenanza que también dice que se realiza la donación "con el objeto de levantar en él un edificio social", pero es promulgada recién cuatro años después, en el año 1930. En ese momento se suscribe la escritura, es decir que se lo dona y el Intendente se lo transfiere por escritura pública. Simultáneamente con este acto, la Comisión Directiva decide emitir un bono contribución.
En septiembre de 1930, cuando era inminente la cesión de los terrenos, según el acta de esa reunión donde reinaba la alegría por el objetivo cumplido, se emite un instrumento para recaudar fondos. "Se realiza para la construcción del edificio y balneario del Paraná Rowing Club", pero que fue un rotundo fracaso. Sin embargo, si fueron fructíferas las kermeses que se realizaban a instancias de las mujeres de los miembros de la comisión directiva, que si bien por ley no podían jugar por dinero, lo hacían por otros productos de utilidad para el club.

 

LA COSTANERA.

La escritura se firma finalmente el 28 de noviembre de 1930, pero apenas unos meses después de este acontecimiento surge un imponderable que modificaría totalmente el proyecto inicial y abriría el camino para que el Paraná Rowing Club se desarrolle en tiempo y espacio e inicie un camino institucional encomiable que busca concluir la primera década del siglo XXI: comienza a proyectarse la Costanera paranaense.
Toma vigor entonces la idea de recuperar los terrenos cedidos al club para continuar con la traza prevista.
Es allí, pues, que las autoridades municipales convocan a la comisión del club para presentarles este inconveniente y propone realizar una permuta con las siguientes condiciones: el Rowing entregaba al Municipio lo que ya poseía por escritura y recibía a cambio "dos lotes, uno de 4.440 metros cuadrados del lado de la barranca y 1.570 del otro lado de la Costanera hasta la línea de la máxima bajante del río".
Las autoridades del PRC entre las necesidades municipales y la conveniencia del acuerdo acceden, por lo que éste queda rubricado con un convenio que decía que el club reescrituraba a favor de la Comuna el lote de El Bajo del Parque y recibía en donación estos lotes.
Como este convenio requería el aval legislativo municipal, se realiza el trámite en el Concejo Deliberante. Este Cuerpo objeta la metodología, ya que por ordenanza no pueden hacerse donaciones de este tipo. Es allí que el Club, con argumentos muy bien fundados desde lo legal y social, logra que la donación definitiva se transforme en una cesión por 99 años, y se busca el argumento para que los cinco mil pesos que se habían entregado en carácter de compensación por aquel lote donde hoy se erige la plaza "Le Petit Pisant" sirvan para compensar las mejoras realizadas en las canteras, en el actual emplazamiento del club.
Entonces se promulga la ordenanza que habla de una concesión por 99 años, a partir del año 1930. Incluso, se realizaron trabajos de rellenados y compactado de suelo en ese lugar donde hoy finaliza la Costanera.
El convenio rubricado se pone a consideración de la Comisión Directiva del club y se firma ad referéndum del Concejo Deliberante, y allí se dispone una serie de condiciones para el club.
La disposición de edificar con criterios estilísticos de acuerdo a la naturaleza reinante y los criterios paisajísticos establecidos oficialmente, y en el caso que no se hiciese en tiempo y forma determinada el club era pasible de penalidades, entre otras menores.
Incluso, en la primera ordenanza el Gobierno municipal se otorga tres años al PRC para levantar el edificio proyectado (el cdor. Bertellotti asegura haber visto un proyecto de edificio de finales de la década del ´20 en el archivo municipal, pero no se pudo dar con él y la referencia al edificio corresponde al del actual emplazamiento), y como no logra cumplirlo por motivos económicos, se le extiende en la segunda ordenanza un nuevo lapso de tres años.

 

OBRAS.

En definitiva se otorga una concesión y se empieza a proyectar la construcción del edificio, con un tiempo de un año y medio para hacerlo, con muchas dificultades económicas. No existen muchos datos al respecto, pero se cuenta con un acta del año 1935 donde un grupo de socios pide informes acerca de lo que se hizo, cuánto se ha invertido y demás, y éste explica lo actuado y asegura "que restan sólo 10 mil pesos en poder del club, y que esa suma es insuficiente para la conclusión de las obras proyectadas". Quiere decir que en año 1935 está la obra bastante avanzada.
Existen también menciones acerca de las intenciones de miembros de la comisión directiva de solicitar créditos y demás, pero en las actas de las reuniones nunca se habla del desarrollo de las obras del edificio en el actual emplazamiento.
Por ese entonces, en el seno de la Comisión Directiva se produjo un cálido debate acerca de qué convenía hacer primero: si la pileta o el Salón de Botes. Después de mucho dialogar se decide comenzar la obra con el Salón.
El salón de botes se proyectó y construyó una vez que estuvo realizado el edificio, y aparentemente, el resto de las obras se fueron haciendo a medida que se terminaba la anterior.
Todas las actas de aquellos días consignan que las reuniones se hacen en los domicilios de los presidentes, algunas se hacen en el club social y otras en la Biblioteca Popular, seguramente porque ya no se podían reunir en el galpón y estaban construyendo la sede. Todos vivían en el centro de la ciudad y los encuentros allí eran más convenientes.

 

II ETAPA

CONSOLIDACIÓN

En Febrero del 40 se inauguran las piletas. Fue un gran paso para el PRC, ya que no sólo se crecía institucionalmente consolidando definitivamente al club brindando más servicios a la masa societaria, sino que además permitía posicionarlo competitivamente en el concierto de los clubes de la región y el país, y allí se afianzaría la práctica de la natación que tantos logros deportivos permitió cosechar.
Con la inauguración de la piscina olímpica, se planteó la posibilidad de bendecirla por un sacerdote, y se generó un debate interno con posiciones antagónicas entre los católicos y los ateos que convivían en el seno de la Comisión Directiva. Se sometió la propuesta a votación y el resultado fue 4 a 1 a favor de la bendición. Independientemente de la anécdota, el episodio permite resaltar el carácter ecuménico y democrático del PRC en su filosofía, donde nunca las diferencias fueron motivo de discriminación.
En el acceso a la pileta existía un pilar con un hermoso reloj de sol, que estaba en el ingreso que con el tiempo se rompió y terminó rompiéndose.
Con el edificio que representa a un buque, único de sus características en el país, con el salón del botes y la pileta y la cancha de básquet, el PRC adquiría la forma que sería el pilar de convocatoria para gran parte de la sociedad paranaense en las décadas subsiguientes.

 

DEFINITIVO.

Sin embargo, es allí que la dirigencia de la finales de la década de 1930 y principios de 1940 comprueba que la extensión de autorización era precaria, y que por consiguiente constituía un riesgo en un país que comenzaba a ser volátil y cambiante. Asimismo, tampoco les servía para obtener créditos para continuar con las obras, por lo que se decide pedir a la Comuna el traspaso definitivo, con notas muy buen fundadas, donde se describía la buena voluntad de donar un terreno que, si bien había sido dado por la Comuna, ya estaba escriturado, que se había pagado 5 mil pesos en compensación, que después no pudieron utilizarlo, que ya poseían un proyecto para "El Bajo del Parque". Se trata de dos notas sucesivas, con los méritos que tenía el club para poseer los títulos definitivos, y la importancia y envergadura que ya había adquirido el PRC para ese objetivo. Por entonces, rememoran los que atesoran aún esos recuerdos, en ese momento la juventud "era toda del Rowing". Venían a la playa, a disfrutar del río, con gente de renombre que llegaban al PRC a actuar en las décadas del `30 y `40. Se recuerda una peña, con cultores de la brillante talla en el deporte, la cultura, y las artes. Se recuerda también que, en determinado momento, el artista plástico Bernaldo Cesáreo de Quirós, asiduo concurrente al PRC, interviene ante la Municipalidad para que se otorgue la cesión definitiva de los actuales terrenos.
Debido a esta realidad y los logros sociales en cuanto y los 5 mil pesos entregados que aún era mucho, más la renuncia, y por otro lado que los estatutos determinan que en caso de disolución todo vuelve al Municipio, se decide otorgar los títulos finales.
El 20 de octubre de 1948, por ordenanza número 4036 se estatuye lo siguiente: "Autorizase al Departamento Ejecutivo para transferir en venta directa a la Sociedad Paraná Rowing Club el terreno de propiedad municipal donde funciona la mencionada institución deportiva, en mérito por la concesión otorgada por ordenanza de agosto de 1923. Los límites (…) son aquellos que se establecen en el contrato de permuta celebrado por el presidente de la Municipalidad de Paraná y el presidente del Paraná Rowing Club el 16 de diciembre de 1932… Fíjase el precio de venta en el valor del inmueble que fuera del Paraná Rowing Club transferido a la comuna (los 5 mil pesos) en virtud del citado contrato…" La ordenanza lleva la firma del Dr. Romero Brolo y José Luis Ramos, presidente y secretario del Honorable Concejo Deliberante, respectivamente.
"Lo notable del club, no era sólo la vida durante el día vinculado al río o la playa, con travesías a nado de muchas personas, incluso algunas que no sabíamos nadar bien, y podía verse navegando todas las embarcaciones que el club tenía, sino también la vida que generaba de noche. Terminaba las actividades cuando caía el sol y la gente subía a las terrazas a tomar una cerveza tirada, a la vieja usanza. Había un escenario, y una cantina donde había música todas las noches, y la gente disfrutaba del Club. Durante la presidencia de De Mattía, se decide construir sobre la cancha un gimnasio para utilizarlas para deportes, pero durante mucho tiempo se utilizó como comedor. Era enorme y muy lindo, con un buen cantinero", describe Enrique Lafferriere Vilar.

 

OBRAS INTERMEDIAS.

Como ya se describió, el salón de botes se construyó antes de la pileta, porque la decisión fue sometida a votación, y en esa instancia se impuso la voluntad de los remeros. Con esto, el club avanzó en la construcción de la guardería de botes y carpintería, en el año 1937, cuando se estaba haciendo el edificio.
Acto seguido, en el año 1940 comienza la construcción de la pileta. Un año después se construye la pileta más chica, que tenía como función servir para que los remeros inexpertos ensayaran los movimientos necesarios para poder desplazarse y aprender la técnica que requería la disciplina. Con el tiempo, ésta adquirió el uso de pileta menor para los más chicos.
Cuando se construye la pileta se impone colocar el trampolín, hecho con una madera especial importada desde España, que hasta ese momento estaba ubicada entre los pontones de pileta, que aún en el río, se había traído desde su antigua ubicación en el Puerto.
Con el edificio nuevo, logró un lugar destacado en las preferencias del socio la terraza, centro neurálgico de día y la noche para gran parte de la ciudad. En la parte superior del edificio –la primera terraza sobre el techo del salón del botes- existía una cantina, que en rigor contó con la administración de varios cantineros, y que por la noche recibía la visita de muchos paranaenses que llegaban a "tomar un liso" a la luz de las estrellas. De allí, que por la década del 30 y 40 existía la prohibición de, luego de las 19.30, subir las escaleras con pantalones cortos o mallas, ya que todo el mundo se disponía a pasar un rato en familia e ingresar en el segmento diario del baile.
Arriba había un escenario, y al costado una pequeña habitación que cobijaba el equipo de música y los discos. La gente se reunía a bailar despertándose un ambiente familiar muy acogedor que caracterizó al PRC y llega hasta nuestros días.
"Abajo, en la playa, junto a la bajada de los botes, siempre hubo una cantina que funcionaba básicamente en verano. Para todos los socios que iban a pasar el día tenían minutas , ensaladas, bebidas frescas y demás. Famosa fue la estadía de Pascual Buscema y Doña Beba, su esposa, que quizá fue la época donde más se disfrutó de la playa en familia. Había que ir muy temprano los sábados y domingos para reservar mesa porque la gente iba como lugar de reunión, si bien se iba todos los días en verano, los fines de semana iba todo el mundo. Tal era el clima familiar que veíamos que Doña Beba no daba abasto con todos los clientes y directamente íbamos nosotros y nos preparábamos las ensaladas para ayudarlas. Se vivía un ambiente realmente familiar", describe Silvia Reula.
El restaurant, como lo conocemos hoy, se hizo más adelante, ya entrada la década del 60 y 70.
Si bien el club no tuvo grandes obras durante ese tiempo –descontando la incorporación de La Tortuguita en el año … que significó nada menos que la consolidación del rugby, tenis, hockey y otros deportes en el club- se afianzó la masa societaria en una ciudad que crecía y se polariza en lo social y deportivo con respecto a sus afinidades con los clubes.
Esta es una etapa de alternancias y oscilaciones, en un mundo, un país y una ciudad que daban pasos agigantados tras un cambio incierto y muchas veces inaprensibles.

 

Hacia el futuro

 

ÚLTIMA ETAPA

Las crisis económicas que imperaron en el país en las últimas décadas, como en gran parte de las instituciones, dejaron su huella también en el Paraná Rowing Club. En este sentido, el crecimiento institucional expresado hasta comienzos de la década del 70 se vio interrumpido en más de una oportunidad. En los últimos 30 años se experimentaron oscilaciones que afectaron al club en los aspectos económicos, societarios e institucionales producto de los desequilibrios generales y algunos desaciertos propios, sin perjuicio de perjuicios importantes generados por crecientes inéditas del río Paraná que no sólo afectaron a nuestra institución, sino que marcaron el normal desenvolvimiento de la ciudad. Sin embargo, así como en la década del '20 el PRC fue tejiendo su historia junto a los avatares que coronaron la construcción de la Costanera, en la última década, el embellecimiento del Parque Urquiza y la remodelación de este espacio vital en la vida de Paraná ha puesto en valor a las instalaciones del Paraná Rowing Club.
Un grupo de jóvenes ha asumido la apuesta en este tiempo intentando tomar la posta y dejarse guiar por el espíritu progresista que caracterizó a su dirigencia de estos 90 años.
De este modo, desde la mitad de la década del 90 se llevaron adelante algunas obras que permitieron poner nuevamente en movimiento a los socios de cara al futuro, recuperar perdidos y captar nuevos.
Los responsables de cada disciplina han asumido también un compromiso integral y sistémico, potenciándose en un proyecto integral.
Así se construyó la tribuna y la pared de Blindex de la cancha inferior de Pelota de mano (manito) y se hizo a nuevo el techo de este espacio que crece en adeptos en los últimos años; se llevó adelante los nuevos vestuarios y el sauna en la sede principal del club; se levantó la sala de estar y la biblioteca; se reconvirtió el acceso a la institución y la portería; se realizó el cambio completo de la calefacción de la pileta climatizada, como así también la reparación total de los baños; se pusieron tanques nuevos de agua y se construyó la casilla; se realizó la reparación total y completa de las terrazas; se logró concretar el sueño del albergue produciéndose en esta etapa su inauguración; se alcanzó el logro de poder cubrir la cancha de básquet con parquet reglamentario, lo que dio más valor a este deporte; se construyeron los portones para rampa de lanchas y remos, haciendo más fácil el acceso al río; la playa se vio favorecida con los tapiales y nuevos quinchos. En tanto, que en la sede de La Tortuguita se colocaron cuatro equipos de termotanques, se levantó la vivienda del casero y se reparó a nuevos vestuarios y baños, como forma de brindar mayores servicios en todas los espacios que el club posee para sus socios.

 

(Gustavo Sánchez Romero Con el aporte del ex presidente del PRC, Enrique Vilar Laferriere, fallecido el 30 de noviembre de 2011)