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Clubes y pandemia: 20 mil pulmones, 20 mil oportunidades

Noticias / Últimas Novedades / 10 de Junio de 2021

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La Comisión Directiva del Paraná Rowing Club analiza el actual momento de las restricciones a las entidades deportivas con el objetivo de aportar al debate para las futuras decisiones gubernamentales, desde la óptica del rol social y desde la noble función que cumplen los clubes en la sociedad.


La pandemia de Covid 19 está sucediendo ahora. Comenzó en marzo de 2020 y no es dable aún advertir el punto temporal de su final. Para todos los habitantes del planeta se trata de una experiencia inédita ya que la aparición de otros virus en momentos anteriores del siglo XX o del actual no tuvo el impacto que está teniendo éste, por lo que para la humanidad se trata de una disrupción para la cual no estaba preparada y todo parece suceder en la imprevisible dinámica de ensayo y error.

Avanzamos con aciertos y errores en medio de una tormenta donde las crisis sanitarias, sociales y económicas afectan directamente a las personas con funestas consecuencias.

Los clubes deportivos y sociales, en general; pero en particular el Paraná Rowing Club prescriben en sus estatutos fundacionales la prohibición de tener posiciones sesgadas por lo político, religioso, racial o cualquier manifestación que tienda a la discriminación o división entre las personas. Eso lo hemos cumplido en nuestros 104 años de existencia y nos obliga en este momento a regar la semilla de la indulgencia, la comprensión y la paciencia. Estas palabras quieren ser sólo un pequeño aporte a las decisiones que deben tomarse en momentos tan convulsionados y complejos. Nada más.

Sin embargo, y nobleza obliga, debemos gritar de viva voz que los clubes han sido y están siendo perjudicados por las medidas restrictivas que han tomado los distintos Estados para contener la propagación del virus y morigerar sus efectos sanitarios en la sociedad.

Y lo decimos partiendo de la convicción que este tipo de entidades son, por naturaleza, ámbitos donde se aplica el perpetuo adagio griego que trascendió los siglos: “Mens Sana in Corpore Sano”.

En los clubes se fomenta, organizan y despliegan estrategias deportivas que abonan la certeza científico médica que nada hay mejor que un individuo que puede establecer un programa deportivo responsable, seguro y continuo que lo pone de cara a la salud, la vida y la proyección a través de la práctica y competencia deportiva.

Todo esto sin contar el rol social que carga per se un club al ser un espacio abierto donde se produce el encuentro amigable, la interrelación y el ejercicio cotidiano que la sociabilidad tiene de positivo, integralmente, en cada uno de nosotros.

Aníbal Jozami, rector de la Universidad de Tres de Febrero, destacó recientemente, en una entrevista con el Ministro de Turismo y Deportes de la Nación, Matías Lammens, que “los clubes constituyen un espacio clave para la recuperación de los lazos y los vínculos sociales” y que la pandemia suspendió los encuentros cara a cara y la posibilidad “de socializar presencialmente con nuestros afectos".

No se trata de un tema menor en tiempos aciagos donde domina el aislamiento, la pérdida de activos materiales y afectivos y la angustia que genera una enfermedad social que se lleva amigos, familiares y, con amargura nos hacer ver cómo se corre el horizonte de las personas.

En este marco, quizá haya llegado la hora de entender que en la Argentina existen 20.000 clubes; que no son otra cosa que un gran reticulado de vida y
salud que se desperdigan estratégicamente en todo el país y que son la columna vertebral de una sociedad organizada que se fue construyendo a partir de la voluntad gregaria de las personas. En cada barrio de nuestras ciudades hay un club cumpliendo un rol vital y estratégico. Hoy más que nunca su función se perfila y adquiere un relieve que ya no puede ser soslayado.

Función social.

Hoy por hoy ya no se trata de reivindicar que esta red nacional de clubes nos ha posicionado a nivel mundial como una potencia deportiva en casi todas las disciplinas. No es el momento.

Hoy queremos y debemos –y apelamos a que toda la sociedad levante este estandarte- de pregonar que tenemos 20 mil pulmones y 20 mil oportunidades para encontrar una punta del ovillo de este intríngulis sanitario que vive la Argentina, porque está claro, a esta altura, lo que afirman especialistas médicos, antropólogos, psicólogos y sociólogos, entre otros. Los clubes son ámbitos sanos que blindan la salud física y mental de los individuos y las sociedades.

Desde el PRC entendemos el sensible argumento de los epidemiólgos y las autoridades sanitarias que temen que ante una mayor circulación social el virus
se propague de manera incontenible generando un mayor número de casos.

Es natural que para llegar hasta las canchas, los ríos, las piletas y aquellos espacios donde se desarrollan las actividades es necesario trasladarse y en ese
recorrido pueden producirse contagios.

Pero es importante conocer que los clubes han tenido –sin temor al error- un comportamiento ejemplar en esta pandemia y han establecido controles sanitarios rigurosos y desde el primer momento han trabajado para establecer protocolos seguros, capacitando a su personal y comprendiendo el concepto solidario de “cuidarnos entre todos”.

En muchas ciudades, los clubes de barrio funcionan como canal para que el Estado llegue a todos los rincones. A pesar de tener sus puertas cerradas mucho tiempo, lograron acompañar a las comunidades durante estos tiempos difíciles, coinciden casi todos los que ponen la lupa en rol social de las entidades de la sociedad civil.

Por esto y por mucho más, quizá los Estados deban encontrar soluciones en los mecanismos de desplazamientos para dejar fluir todas las ventajas que trae la vida abierta y plena de los clubes.

No se trata aquí en hacer una proclama dejando trascender el enorme impacto negativo que ha tenido en los clubes del país no poder desarrollar sus actividades. Se puede mencionar pérdida de socios y caída del empleo en personal estable, profesores de educación física, técnicos de las disciplinas, profesionales que cumplen funciones permanentes, pero también en todos aquellos que aportan desde lo social y cultural en los clubes y que tienen allí un modo de vida.

Este punto no es menor, pero cuando volvamos a encontrar rasgos de normalidad analizaremos el enorme deterioro económico que generó el actual escenario. Casi todas las organizaciones y entidades del país sintieron este impacto.

De lo que se trata es que demos un debate amplio –que incluya naturalmente la visión sanitaria de las autoridades y los profesionales que están en la trinchera en esta particular batalla- y donde podamos replantear una posición jurídica que cierra la puerta de los clubes cuando no hay nadie en nuestras sociedades que contradiga la filosofía que no hay espacio más adecuado para combatir una enfermedad social –de hecho todas lo son- que los clubes, verdaderos oasis de vida en este páramo en que se encuentra inmersa la humanidad.

Entendemos, humildemente, que una de las enseñanzas que nos ha dejado el desarrollo del Covid 19 en todo este tiempo es que cuánto más sano y fuerte enfrente una persona los efectos de este virus, menos nocivos serán sus efectos, mientras se logra avanzar en el proceso de vacunación y alcanzamos la anhelada inmunidad de rebaño.

No somos un reticulado de instituciones con canchas, piletas, oficinas, espacios verdes donde la gente se reúne con objetivos comunes. Llegó la hora de entender que los clubes en la Argentina, son mucho más.

Constituimos, nada menos, que espacios de encuentro, desarrollo y proyección integral de cada uno de nosotros.

Definitivamente, contamos con 20 mil pulmones para respirar. Aprovechemos las 20 mil oportunidades que hemos consolidado en tantos años y que hoy permiten explotar la vida. Hagamos uso pleno de ellos.
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