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Eterno, Quique Orlando

Noticias / Últimas Novedades / 03 de Enero de 2022

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-Estimados: ¡Quique está muy mal!
- Qué macana. Un eterno en el club.
Este diálogo sucedió en la noche de este domingo 2 de enero, ya bastante entrada la noche.

Estimados: ¡Falleció Quique!
- Qué pena tan grande. Se va a extrañar no verlo sentado en entrada de la playa. Que su alma descanse en paz, estará eternamente con nosotros.
Este otro sucedió en las primeras horas del lunes 3 de enero.

Como se advierte, y huelga decirlo aunque resulta inevitable, el comienzo del 2022 le ha asestado un duro golpe al deporte del Paraná Rowing Club y a la vida cotidiana de la ciudad al llevarse a una de las personas más entrañables que caminó sus calles por más de 50 años.
Y su partida se fue preparando en los últimos días con la fuerte carga de angustia en cada uno de quien conoció a este maravilloso ser trashumante que irradiaba paz en cada paso.
Quique Orlando regalaba una postal de paz, sentado en el ocaso de su propio tiempo, en la contemplación genuina y generosa de la vida, en su más exquisita y refinada expresión; aquella que sólo pueden expresar quienes la bebieron a fondo blanco.

La noticia fue preparando las almas para lo peor y debimos asimilar su deceso con la necesaria resignación, a la que fue imposible escindir las anécdotas, el saludo cordial y la inmensidad de su sonrisa leve, atenta, siempre sibilina en la comisura de sus labios.
La paradoja de todo es que los diálogos que se reproducen arriba se dieron en dos grupos de WhatsApp distintos.
En comisión directiva el primero, en la Pelota a Mano el segundo. En ambos lo ponderaban en su verdadera dimensión. Sin contar en otros como básquet o vóley, donde sienten la pérdida como una laceración en los días del cuerpo institucional.
Qué agradablemente sorprendente es ver la coincidencia en las respuestas que lo asocian al concepto de eterno.
Eterno hacia atrás: “fue un eterno del club”; eterno hacia adelante: “Estará eternamente con nosotros”.
Sólo un espíritu tan noble y generoso, un maestro de la vida y el deporte, puede lograr esto. La asociación del esplendor de su obra cotidiana a toda la longitud del tiempo, es tan mágico como inasible.
Estuvo desde siempre; estará por siempre.
El Paraná Rowing Club recoge su legado con ambas manos y lo guardará con el mayor respeto en la urna de sus más sensibles hacedores.
Su imagen de viejo sabio sentado en el acceso al club todas las tardes, abriendo con tus ojos pacíficos los postigos del crepúsculo, será, quizá, la imagen urbana que más cueste desterrar.
Todos debimos ir a su encuentro y darle más abrazos, escucharlo más, aprender todo cuanto podamos. Todos debimos decirle de viva voz: “Gracias querido Quique. Gracias por tanto...”

Valores.
Quique vivió como jugó al fútbol. Era fue un centrodelantero exquisito, un inquieto que dejó una profunda huella en el Patronato de la década del ’70.
Caballero, profesional, inteligente y solidario dentro de la cancha, era un nueve agudo e inteligente, entraba y salía, nunca se quedaba quieto y cuándo menos lo esperaba la red se insuflaba con su destreza.
De tanto buscar el gol todo el tiempo encontró los abrazos que apretujaron hasta su último aliento.
Profesor de Educación Física, llegó de Santa Fe en el año 1969 a calle Presbítero Grella y todos recuerdan un Torneo Regional que estaba insufrible y hasta en un partido contra los correntinos marcó cuatro goles en una tarde apoteótica, según reflejan los memoriosos que lo sobreviven y hoy lloran haberse quedado sin su hidalguía y su compañerismo. Quique viejo y peludo… dirían los propios.
La vieja cancha de tribunas de madera y pasto quemado fue testigo inmutable de su picardía deportiva, tanto como de la grandeza de su corazón. Pero no sólo eso. Donde puso los pies la hierba aún sonríe, y cada institución que vio su mano profesional hoy extiende la suya en su memoria.
Sabía, con la grandeza de su humildad, que su presencia siempre era importante para el resto. Así, siempre, acompañaba a sus viejos camaradas veteranos de Patronato, y cuando su corazón el fue marcando los hitos de su final debió ir colgando los botines, cosa que le dolía como una insoportable penalidad. Pero nunca abandonó las larguiruchas mesas regadas por recuerdos y diálogos kilométricos. Amaba a sus amigos, y en el Rowing se sentía en una epifanía infinita, donde la vida era un gran asado en el que sentaba a cosechar todo lo que había sembrado.
Su legado y leyenda trascienden este duro momento y quedarán por mucho tiempo en estos arrabales de la incertidumbre. Por no decir por toda la eternidad.

Pitazo final.
El final del partido de su vida llegó este lunes 3 de enero, casi 75 años del momento que vio la luz en un pequeño pueblito del Gran Buenos Aires llamado Las Flores. Había nacido un 24 de enero. Quique resistió con sus mejores armas el avance de la muerte y le antepuso su corazón partido, literalmente.
A Paraná llegó con Ela, que venía de Misiones, y con la que tuvo cuatro hijos a los que amaba profundamente, como no podía ser de otra manera para un personaje como tuvo una condición inalterable: dio siempre la talla.
El Paraná Rowing Club lo encontró como un regalo en los ’70 como parte del equipo conductor del Grupo 45, donde se negaba a enseñar fútbol, porque decía que “en cualquier campito pateabas una pelota y aprendías a jugar”, pero que el Rowing debía “enseñar vóley, básquet y los deportes que aún no tenían tanto difusión”.
Un verdadero maestro, así lo recuerdan. Profesor intachable y amigo que disfrutaba de ver a los chicos jugar y los empujaba a la alegría de los campamentos.
Sus amigos de entonces lo recuerdan con justicia y justeza y a cada acción le anteponen el prefijo gran: “Gran docente, gran amigo, gran profesor, gran laburante y ante todo muy honesto”.
De mate y peña sempiterna, Quique le dejó un gran trabajo en nuestro club en vóley y cuando fue requerido se puso el saco de coordinador deportivo sin perder la calma, la eficiencia y la estrategia.
Su vida y la de su familia estuvieron atravesadas, en gran parte, por su casa y su gente ribereña y remera. Fue su gran familia, y la respuesta solidaria que encontró en los socios y dirigentes en su hora postrera no debe sorprender a nadie. Su dolor movilizó a todos.
Ya está. Más palabras no alcanzan para testimoniar lo que fue, lo que hizo y lo que dejó.
Su nombre y su rostro alegre unificado en su calvicie ganaron hoy las redes sociales y todos reflejan su grandeza. Todo lo que podamos decir será aleatorio e incierto. Todo lo que se alcanza a sentir es personal e intransferible.
Sus horas finales fueron difíciles y nos llenaron de angustia. Pero en este caso parece ser un bálsamo y, como decía Borges… aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna…
Ella lo ha invitado hoy a acompañarlo y, él, perfecto caballero, no ha podido negarse. Ella ya lo ha librado del sol y de la luna, pero también de la visión del río y el remanso, la referencia de su atardecer.
En el Rowing hay otra flecha que atraviesa este tiempo, la de la nostalgia por su partida.
Tan grande fue su sello en el tiempo que un solo concepto parece abrazarlo, comprenderlo, cobijarlo para siempre: él se quedará por toda la eternidad. Y la eternidad, no es otra cosa que ese etéreo e inmaterial espacio infinito al que sólo acceden aquellos grandes que nunca se propusieron alcanzar.

Comisión directiva
Paraná Rowing Club
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